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Bajo consumo de carbohidratos: en 1864, William Banting publicó Letter on Corpulence donde relataba cómo el disminuir su consumo de carbohidratos lo ayudó a perder 23 kilos. Su menú consistía en comer un bife de carnero, pez, tocino o alguna carne, una taza de té o café sin azúcar, una galleta o tostada en el desayuno; en el almuerzo pez o cualquier carne que no fuera de cerdo o vitela, un vegetal excepto papa, nabo, remolacha (betabel) y zanahoria, una fruta o budín sin azúcar y dos o tres vasos de vino tinto; durante el té de la tarde comía fruta y tomaba té sin azúcar; y en la cena el menú del almuerzo se repetía.
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Cigarrillos: en la década de 1960 algunas empresas de cigarrillo querían explorar el producto como un auxiliar en la pérdida de peso. Por eso, algunas marcas comenzaron a añadir inhibidores de apetito en su fórmula.
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Dieta del laxante: en la década de 1940 las píldoras laxantes Bile Beans se hicieron populares en Estados Unidos. Prometían limpiar el organismo y adelgazar. Pero es claro que el tratamiento no era muy amigable.
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Dieta del edulcorante: durante la década de 1970 los edulcorantes artificiales se hicieron populares como una forma de eliminar los kilos de más. Dietas de la época llegaron a afirmar que ingerir un dulce antes de la comida (almuerzo) podría ser la solución para adelgazar.
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Dieta de vinagre y agua: el poeta Lord Byron popularizó la dieta del vinagre y agua en 1820. Él era anoréxico, bulímico y consumía grandes cantidades de agua y vinagre de manzana. A veces también añadía col roja a su dieta, porque creía que esos alimentos le provocaban diarrea y vómito. A pesar de perder peso Lord Byron no seguía un patrón precisamente muy saludable, de acuerdo con científicos.
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Dieta de la toronja o Hollywood: los años 1930 marcan el surgimiento de una variación de la dieta de poco carbohidrato, que sugería que una enzima encontrada en la toronja ayudaba a quemar calorías cuando se consumida con alimentos grasos como huevo y tocino. Sin embargo, esta creencia sólo se hizo popular los años 1970.
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Dieta de la comida de bebé: El entrenador Tracy Anderson, que atiende a personalidades como Gwyneth Paltrow, Madonna y Lady Gaga, defendía en 2010 que el consumir papilla de bebé sería una buena forma de perder peso. La dieta fue conectada a un grupo de celebridades, incluyendo Jennifer Aniston, que se vio obligada a defenderse en la revista People: "estuve consumiendo sólidos por cerca de 40 años".
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Suplementos: a partir de la década de 1950 nuevos suplementos y remedios que prometían perder peso comenzaron a surgir. Píldoras, licuados y otras substancias eran vendidas con campañas que afirmaban que el exceso de peso llevaba a la soledad y vergüenza.
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Dieta sin gluten: si no eres alérgico al gluten o posees enfermedad celiaca, significa que tu cuerpo es capaz de procesar normalmente el gluten y productos derivados del trigo. Tanto que, este año mucha gente apostó por un plan de alimentación libre de esta substancia para eliminar algunos kilos.
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Dieta del alcohol: parece increíble, sin embargo, de acuerdo con la revista Time, William el Conquistador creó en 1087 una dieta que contenía sólo alcohol. Sin embargo, en vez de perder la barriga murió el mismo año después de caerse de su caballo, dejando a sus súbditos con la ardua tarea de encontrar un féretro en que cupiera.
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Dieta Atkins: popular hasta hoy, la dieta de bajo consumo de carbohidratos fue lanzada en el libro de Atkins en 1972. El método se volvió más popular a partir del año 2000 cuando se comenzaron a generar otras dietas como la South Beach. La controversia de esta dieta es la propuesta para liberar el consumo de alimentos grasos, lo que podría provocar enfermedades del corazón.
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Dieta Graham: inventada por Sylvester Graham en 1829, esta dieta permite el consumo de frutas y vegetales mientras restringe los productos lácteos, especialmente la mantequilla. Además de eso, inventó una galleta que debía ser consumido durante la dieta. El objetivo del menú especial era curar el hábito de la masturbación, ya que Graham creía que ese acto causaba ceguera.
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Dieta de la fruta enlatada: a mitad de 1950 la fruta enlatada fue vista como una buena alternativa de alimento para las personas que querían adelgazar con calidad.
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Dieta de gusanos: Por absurdo que pueda parecer, en 1900 llegó una pastilla que supuestamente contenía gusanos que ayudaban a perder peso. Este método, volvió a escena en 2009, cuando fue discutido durante el show de Tyra Banks si realmente los gusanos serían capaces de mantener a una persona delgada. Pero a pesar de evitar que una persona engorde, los gusanos no son, obviamente, algo bueno para su salud.
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Dieta de la sopa de col: en 1990 la dieta de moda fue la de la sopa de col, que limitaba el menú a sólo el consumo de este alimento. Era obvio, que con este método la ingestión de nutrientes se vería perjudicada, así como el buen funcionamiento del organismo.
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Dieta Beverly Hills: iniciado por Beverly Mazel, este plan alimenticio propone comer sólo frutas para los primeros 10 días. El libro de 1981 pasó 30 semanas en la lista de Best Sellers del New York Times. La nutrióloga hasta abrió una clínica, donde atendía a diversas celebridades. Sin embargo, su dieta fue fuertemente criticada y el mismo año del lanzamiento del libro, el Periódico de la Asociación Médica Americana publicó un artículo en el que afirmaba que el método podía llevar a la deshidratación, diarreas y hasta a baja de presión.
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Dieta sin cuenta de calorías: la dieta fue lanzada en un libro de Herman Taller, en 1961, y argumentaba que la cantidad de calorías no era relevante siempre y cuando la persona no ingiriera carbohidratos y consumiera una dosis de aceite de cártamo. Después de la publicación, el médico fue multado y su carrera se fue a la ruina.
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Bajo consumo de carbohidratos: en 1864, William Banting publicó Letter on Corpulence donde relataba cómo el disminuir su consumo de carbohidratos lo ayudó a perder 23 kilos. Su menú consistía en comer un bife de carnero, pez, tocino o alguna carne, una taza de té o café sin azúcar, una galleta o tostada en el desayuno; en el almuerzo pez o cualquier carne que no fuera de cerdo o vitela, un vegetal excepto papa, nabo, remolacha (betabel) y zanahoria, una fruta o budín sin azúcar y dos o tres vasos de vino tinto; durante el té de la tarde comía fruta y tomaba té sin azúcar; y en la cena el menú del almuerzo se repetía.
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