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09 de febrero de 2013 • 06:39 AM

La moda inconformista de Gaultier cobra vida en el Kunsthal de Rotterdam

 

La transgresión provocadora, la ruptura de convencionalismos estéticos y la ambigüedad de los sexos que caracterizan la obra de Jean Paul Gaultier centran la exposición sobre el universo temático del estilista francés que mañana abre sus puertas en el museo Kunsthal de Rotterdam.

"Las creaciones de Gaultier tienen un fuerte mensaje social que las hacen únicas, cargadas de valores humanistas que reflejan a una sociedad multicultural que acepta a todos", indicó a Efe el comisario de la muestra, Thierri Loriot, que ha trabajado mano a mano con el modisto para dar forma al proyecto.

El diseñador (Arcuel, Francia, 1952) reconoció, por su parte, que en un principio rechazó la idea de que se le hiciese una retrospectiva en vida: "estar en un museo en vida, no, no, no, no es el momento", recordó entre risas en la conferencia de prensa de presentación de la muestra.

Pero luego pensó que podría ser una "aventura", a la que puso condiciones, entre ellas, tendría que ser algo "vivo", como la moda misma bajo su ojos, y su trabajo no se presentaría como una obra de arte ("mi profesión no es la de artista") sino como una "reflexión de la evolución de la sociedad", explicó en Rotterdam.

Así empezó a cobrar forma "El Universo de Gaultier: de la calle a las pasarelas", que con una selección de 150 creaciones, elegidas entre 10.000 piezas, muestra las diferentes musas del diseñador en un trayecto profesional de más de 40 años.

La exposición empieza con una sala en la que aparecen dos signos de identidad de Gaultier: las creaciones iconoclastas con vírgenes provocadoras como musas, las listas marineras y las sirenas de ajustados vestidos de encajes.

Los maniquíes cobran vida en cada sala con rostros hablantes proyectados sobre las caras sin rasgos de los muñecos, que dan un realismo original a las figuras.

Una de ellas representa al mismo Gaultier, vestido con jersey de listas y falda larga, dando la bienvenida a los visitantes con la expresión pícara y casi infantil que aún mantiene a sus 60 años llenos de una energía que asegura le viene de su propio trabajo porque hace "lo que he hecho -subraya- desde que era un niño y lo que es mi pasión".

Luego aparecen los corsés con los que se familiarizó siendo un niño junto a su abuela, y a los que ha dado proyección global de la mano de Madonna, que lució uno de esos modelos con forma cónica en los pechos durante su gira "The Blond Ambition Tour" (La gira de la ambición rubia) en los años noventa.

"Siempre he sido un fan de Madonna, pero honestamente primero pensaba que era británica en lugar de estadounidense (...) y me complació saber que ella también era admiradora mía", comentó el estilista, para quien la cantante "ilustra exactamente" lo que quería mostrar: "una mezcla de masculino y femenino, de fuerza de mujer".

"Pero la idea de vestir a hombres con esos corsés fue de ella, no mía", precisó con gracia a la audiencia.

La ambigüedad de los géneros ha sido uno de los denominadores comunes que han acompañado la inspiración de Gaultier desde que en 1970 presentó su primera colección con el "hombre objeto" como tema principal.

En ella, el modista huía de las "bellezas rubias convencionales", utilizando como modelos a mujeres que encontraba en las calles parisinas y en la que veía "una belleza diferenciada, marcada por una fuerza que emana desde dentro".

Fue uno de los primeros en conceder al hombre el derecho de ser "sensible y por qué no, aparentemente estúpido, seductor", dijo el creador en referencia a esos atributos que convencionalmente se reservaban a las mujeres.

La admiración por el movimiento "Punk" surgido en los años 70 en Londres, la mezcla de culturas urbanas trasladadas a sus creaciones en modelos con detalles de animales selváticos y su vinculación con el mundo del cine (especialmente con el del español Pedro Almodóvar) también están presentes en la exposición.

Para el particular escenario holandés se ha incluido una sala con modelos en los típicos escaparates del Barrio Rojo de Ámsterdam.

La presencia de Gaultier en Rotterdam se aprecia también fuera del museo Kunsthal, pues los árboles de las inmediaciones han sido envueltos con telas de listados azules marineros.

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