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13 de noviembre de 2012 • 10:30 AM

Cuarto de baño, intimidad y lujo

El Roca W+W, ejemplo de diseño sustentable, junta dos muebles de baño para aprovechar las aguas del lavabo en el inodoro.
Foto: EFE en español
 

 

Desde el neolítico hasta la actualidad, el ritual ligado a la higiene ha evolucionado desde lo que siempre ha sido una actividad puramente necesaria a algo que implica intimidad, lujo y bienestar, con diseños en los cuartos de baño que ganan protagonismo en las casas. 

 Sumergirse en una bañera escuchando música e inspirando unas sales aromáticas que se desprenden de un mar de burbujas es un lujo, al igual que tener una ducha en casa o simplemente un grifo del que mane agua caliente; todo depende del estatus social, de los hábitos de limpieza, del estilo de vida y por supuesto, de la época en que se ha vivido.

Desde el neolítico hasta el imperio romano, el baño ha sido asociado con la salud y el placer, además de tener connotaciones religiosas y espirituales. Y aunque ahora, los montados en el tren de vida exprés apuesten por la ducha más efectiva y rápida, para ciertas personas, el acto de limpiarse y purificarse con agua y jabón sigue siendo todo un ritual.

Para el sociólogo y periodista, Pedro Mancilla, este espacio es “donde uno se hace humano: dócil, sociable, disciplinado. El baño es casi como el derecho a votar, algo que las personas perciben como que tienen derecho a él y eso es una conquista, por aquellos tiempos en que vivíamos sin él, cuando no era importante y era muy rudimentaria la forma de desprendernos de nuestros residuos”.

Si bien el diseño de un baño, así como el tamaño de este, depende de las posibilidades de cada usuario, Mancilla destaca que el acto de lavarse, en sí mismo, es un “asunto de democracia, que primero fue de la aristocracia, luego de la burguesía, pasó a las clases medias y ahora es consustancial al derecho de vivir”.

Un retrete, una ducha o regadera, un lavabo y un espejo, todos juntos o algunos separados conforman esa habitación destinada a la purificación del cuerpo y, a veces, del espíritu.

Enrique Loewe, presidente de la Fundación Loewe, declara que para él, el baño es un espacio que habla del descubrimiento de uno mismo: “Uno se da cuenta de quién es cuando se mira en ese espejo. Es una prueba tanto de imaginación de lo que somos, de engañarnos, como de ser realistas y asumir las miserias del ser humano”.

Por esta y otras reflexiones, Loewe opina que los siquiatras no trabajan suficiente en los cuartos de baño: “deberían tener un diván ahí”, bromea.


Diseño y evolución

Aunque hay referencias que datan el surgimiento del baño en el 8000 a.C., los expertos prefieren situarlo partir del 3200 a.C. y en Skara Brae (Reino Unido), donde encontraron canales para llevar los deshechos desde el interior de las viviendas hacia afuera.

En la Grecia del siglo XVI a.C. el baño era público y se asociaba a los atletas, de hecho, a los griegos se les atribuye la invención del orinal. Para los romanos del siglo II a.C. el baño también era algo comunitario e innovaron en los spas y el uso de aguas termales al hacerlas parte de su cultura.

Mientras que los nobles occidentales lo hacían con ayuda de sus sirvientes, en el oriente se hacían baños comunitarios y en algunas partes de América y África, muchos seguían sus rituales de aseo en los ríos o lagos.

Ahora, el mercado ofrece lujos para todos los gustos. Ejemplos de este tipo de mobiliario se puede ver en la Roca Gallery de Madrid, y la exposición "El Baño. Una retrospectiva histórica", que cuenta esa evolución del baño y su importancia en la sociedad por medio de objetos y piezas desde el siglo XVIII hasta el año 2009.

El proceso va desde una bacinica en forma de taburete con libros, en un claro intento de  ocultación; pasa por el “bidé Sisi” de la emperatriz Elisabeth von Wittelsbach, hecho en porcelana y decorado en oro; y llega a los primeros retretes con cisterna.

Dicha muestra concluye con el W+W, un diseño de sostenibilidad que junta el lavabo con el inodoro para que el agua del primero sea reutilizada en el segundo.

Anatxu Zabalbeascoa, periodista e historiadora de arte explica que otro gran logro del baño ha sido ganar un espacio en el hogar: "Ya no tenemos que esconder la bañera en un sillón o el inodoro en un taburete, ahora, tenemos muebles dignos que nos hacen disfrutar de ese momento íntimo. Y en esta conquista, el siguiente paso del baño es ganarle protagonismo a la cocina”, concluyó.

 

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